Este complejo no solo será el más grande de Argentina, sino que busca capturar el 10% del mercado global de celulosa fluff, un insumo premium esencial para productos sanitarios y de higiene que hoy lidera casi exclusivamente Estados Unidos.
El diferencial tecnológico de la planta reside en su versatilidad y sustentabilidad, operando bajo un sistema denominado "Swing". Esta capacidad le permitirá alternar la producción entre celulosa para productos higiénicos, papeles especiales de alta calidad y cartón para embalajes, adaptándose ágilmente a la demanda internacional sin modificar su estructura. Además, el proyecto destaca por su compromiso ecológico al ser carbono neutral, autogenerando su propia energía mediante el aprovechamiento de la corteza del pino, lo que arrojará un excedente energético capaz de abastecer a una ciudad entera de 150.000 habitantes.
En términos de impacto socioeconómico, los especialistas ya comparan esta iniciativa con la construcción de la represa Yacyretá. Se estima que, durante el pico de obra previsto para el bienio 2028-2029, la construcción demandará unos 6.000 puestos de trabajo, dinamizando de forma directa el consumo, la vivienda y los servicios en la región. Asimismo, el funcionamiento de la fábrica revertirá el actual déficit comercial del sector forestal argentino, inyectando unos 300 millones de dólares anuales positivos a la balanza nacional gracias a sus niveles de exportación.
Actualmente, el cronograma avanza con la realización de un exhaustivo Estudio de Impacto Ambiental, que se extenderá por un año con la colaboración de especialistas de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE).
El ingeniero Correa subrayó la seguridad jurídica y técnica de este proceso, destacando que Corrientes posee una de las normativas más rigurosas y actualizadas, alineada con los estándares de la Unión Europea. Este marco legal garantiza que el desarrollo industrial sea compatible con la preservación del ecosistema biótico y el bienestar socioeconómico de la comunidad correntina.
Finalmente, la planta llega para resolver una deuda histórica con los productores locales al aprovechar los excedentes de madera que hoy se descartan. Al integrar subproductos del aserrío y raleos que carecían de mercado, el proyecto optimiza toda la cadena de valor de las 1.300.000 hectáreas forestadas del país. Con este avance, Ituzaingó se perfila como el nuevo centro de gravedad de la foresto industria, posicionando a Corrientes como un jugador estratégico en el mercado mundial y aprovechando un recurso natural que, según Correa, "estaba listo esperando que la industria viniera".
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